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20 junio 2008

uN OjO piAdoSo aL HinCha dE fÚtbOl


Tanto se dice de oprobioso -y muchas veces con razón- acerca del simpatizante de fútbol argentino (puedo decir "sudamericano"?), que hoy me pongo a la tarea de rescatar lo noble que aun le quede.

Y es que siempre, por impacto de los medios o por simple morbo ancestral, nos vamos con la idea de lo malo, peligrosos, deshonesto de quienes pueblan las gradas de esos convocadores de masas que son los clubes de fútbol de esta parte del mundo.

Y con razón muchas veces.

Pero más allá de Barras Bravas y mafias -que existen y ojalá algún día ya no-, hay uno, cien, miles de hinchas humildes capaces de epopeyas poco creíbles con tal de estar cerca, de apoyar a los colores de su corazón futbolero.

Qué decir de aquél hincha de Tigre que, a pesar del riesgo que suponía, fue a dar aliento a su equipo a los pagos de Nueva Chicago. A sus 40 y algo desoyó a aquellos que le decían: "Te van a matar..." Y fue así nomás. Cómo olvidarte hermano! Dejaste la vida ahí.

Qué epíteto merecen hinchas de Racing Club, o de equipos como Rosario Central? Unos porque sufren mucho más de lo que gozan, y sin embargo se desesperan por una entrada cada domingo. Los otros porque cada partido de visitante presupone un largo viaje que siempre se emprenderá, sin importar la magnitud de rival o la instancia que el equipo se juega.

Esta noche de viernes, invierno y 4ºc, llueve, están jugando Argentinos Juniors y Rosario Central. Y ahí están todos: unos y otros que no paran de gritar. Los jugadores, agradecidos!

Hay cosas que ni los peores estigmas pueden corromper.

Valga esta entrada como humilde homenaje a todos ellos.

Hasta el domingo, y que gane San Lorenzo!

17 mayo 2008

OjO a nUesTrOs eStaDOs aLtEradOs


Ayer tomé dos taxis.

Fuimos con mi alumno de español -un hombre inglés llamado Mark que vive ahora en Buenos Aires con su pareja argentina, Lili- hasta el departamento que está remodelando en el Barrio de Palermo.

Es habitual que tengamos la clase mientras él hace algunas compras o diligencias. Nos encontramos, como siempre, frente a la productora de TV y cine POL-K (un lugar donde todos miran a los otros tratando de identificarlo como alguna estrella vernácula) y allí tomamos nuestro primer taxi.

El taxista no espero a que termináramos de subir que ya estaba bromeando acerca de los colores -similares a los del club Boca Juniors- de la pequeña mochila en la que mi alumno llevaba algunas cosas para los obreros que refaccionaban su nuevo departamento. El hombre no paró de hablar, incluso en mal inglés una vez que notó el acento de mi acompañante.

Que cómo ve Buenos Aires, que dónde le gusta más, que cuando llegó y se va... Su simpatia desbordante hizo de un viaje de 20 cuadras una verdadera eternidad. Lo que no es ninguna virtud, digamos, pero tampoco es tan malo. Sólo su impertinente curiosidad latina podía incomodar un poco. Porque uno lo último que quiere en un viaje en taxi es contestar preguntas.

Si hasta hubo que decirle dónde doblar.

Terminada nuestra tarea de delivery, una vez salidos del departamento en ruinas (Dios quiera acaben algún día y sea habitable, habrá pensado mi alumno el inglés al ver esa verdadera émulación de bombardeo iraquí en que han convertido su inversión porteña), decidmos tomar otro taxi, para ir definitivamente al bar donde terminaríamos nuestra charla-clase de español café por medio, como es nuestra costumbre.

Contrastante, este segundo taxista manejaba mejor el silencio que su vehículo de trabajo; parco, adusto... apenas si expresaba cierto fastidio con una sutil exhalación ante algún colega que le trabase el paso o peatón mal cruzado de vereda.

Y yo, que ni amo el silencio ni aplaudo la verborragia, me detuve un minuto a pensar cómo es que nos vamos haciendo lo que somos, los que somos, a medida que una tendencia se va imponiendo sobre la otra.

Del payaso al amargo; del impertinente al insípido... apenas si hubo uno minutos y unas calles de distancia. Y un mismo oficio como denominador común.

Algo podemos descartar de plano: no es el taxi ni la calle la que impone su impronta. Ni aun los pasajeros.

Es que conviven en nosotros una multitud de personajes, estados anímicos, maneras de reaccionar ante la misma cosa... Y es que vamos andando un camino, diverso cada vez que decidimos o nos dejamos arrastrar hacia alguna de éstas variables del ser: La risa, el rezongo, la mueca fastidiosa, la indiferencia -sana o no-...

Qué distancia separará al payaso del osco... Sseguramente muchas muecas, muchos resoplidos y quejas y muchas risas y humoradas.

Uno dejó que ganara el payaso; el otro que venciera el tanguero, por decirlo a tono con el barrio -y la ciudad!- donde todo esto sucedía.

Esa distancia es la misma, exactamente, que la que separa al reflexivo que vió ésto de los cientos que han tomado estos dos taxis un mismo día y ni han notado esa otra distancia recorrida, seguramente preocupados por otras cosas; cosas que este reflexivo ni siquiera habrá sabido preocupar quizás jamás.

Hombre, toma tu camino. El que más te plazca.
Pero lleva a destino tu taxi y tu pasaje

Ciao.

09 abril 2008

OjO cOn lA eNviDiA


Contrariamente a los que se dice de ella, esta dama desterrada de los pedestales sacros no ha resignado ni un centímetro de baldosa en las cortes y los salones sociales.

La hallareis en todo lugar donde alguien tenga algo que el otro no tiene; es decir, en todas partes.

Y no estamos hablando de un sentimiento que no daña más que al que lo experimenta, como
sugieren las enciclopedias... Hablamos, básicamente, de resentimiento.
Horrenda sensación que va envenenando el corazón, el resentimiento parte de una pregunta que JAMÁS debemos formularnos pero que los resentidos insiten en poner:

¿Por qué aquél tiene lo que yo no tengo?

Ahhh... las puertas del Averno tienen un código, o más de uno. Pero uno de los que las abren es precisamente esa pregunta.

El Destino, amigos míos, no es nada más y nada menos que nacer en el lugar y el momento que
nos ha tocado. Amen que, una vez natos, transitar por donde vamos transitando sea más un azar que una decisión en la mayoría de los casos.

Pero aquellos cuya posición en la vida arranca con esa pregunta serán, casi con seguridad, deglutidos por una de las llamas con que el Demonio quema a sus súbditos para convertirlos en parte de la destrucción.

Y hago esta sinapsis dantesca por la obvia razón de que La Envidia es uno de los Pecados Capitales; y no por casualidad.

Lo que vengo yo a refutar es esa ingenuidad de wikipedia de considerarla sólo un daño que el envidioso se hace a sí mismo.

Pues NO!

Muchos de los males de este mundo han arrancado con preguntas como la que el resentido se hace en pos de una envidia. ¿Por qué no YO?

La envidia es tan destructiva al envidiado como puede serlo al envidioso. Porque muchas veces la cosa no termina ahí: sirve de resentida justificación para otras acciones, como robar, destruir y hasta matar.Lo vemos todo el tiempo en las calles, en las escuelas, en los lugares de diversión...

Esta sociedad, la mía, está enferma de envidia. Cuidado argentinos!

Cuando empezamos a ver al otro como sujeto de una bondad que no nos es dada comenzamos a
detestarlo. Y ese humeante camino no conduce a nada bueno, claro.

Entonces, pobre del envidioso pero pobre del envidiado!

Porque quizás en poco tiempo ese sentimiento encerrado en el envidioso se exteriorice como una explosión infernal.

Por supuesto que la desigualdad social, cuanto más profunda, más alimenta ese mosntruo infernal.

Y eso que no quise meterme en los considerandos esotéricos de la envidia, tema que ha dado secular literatura a más de una historia truculenta; sabido es que se considera a la envidia ajena como motor de malas rachas. Es vox populi centenaria que ella se derrama sobre el envidiado como peste y que afecta su vida, sus relaciones, sus negocios y sobre todo su buen juicio.

Más allá de creencias, energías y santerías, el envidioso se transforma en resentido; y el resentido, en enemigo.

Y yo no quiero adolescentes que corten la cara de otras porque las ven más lindas que ellas.

No hay nada que las haga más feas que ese envidioso resentimiento.

Que alguien se los explique, por Dios!

24 marzo 2008

OjO: ConSumo CuiDadO


Te preguntaste alguna vez por qué esta sociedad es como es? Nos quejamos de toparnos siempre ante mezquinos, ventajeros, arribistas, embusteros, avaros, ladinos, materialistas, pusilánimes y todo tipo de seres que sólo piensan o se satisfacen con objetos, cosas, dinero...

Por qué? Para qué?

Esa conducta excede, desde ya, la natural preocupación del hombre por la subsistencia. Es la prolongación de ésta hasta niveles de exsacervación intolerables.
Pues esta conducta, hoy por hoy a todas luces antisocial, es la resultante de un siglo de estimulación del consumo en todos los estratos sociales, países y culturas más o menos "civilizadas".

De hecho, el concepto moderno de civilización es "sociedad hábil y hábida de consumo".

Desde la Revolución Industrial hasta nuestros días, en los albores de la "Revolución Ecológica", los dominantes del discurso del sistema han sido condicionados por dos premisas: La estimulación del consumo para promover la producción y por ende la riqueza por un lado, y el fantasma del excedente de producción, causante de la recesión, por el otro.

Una máquina de producir requiere ser "necesaria" y "eficiente"; en otras palabras, necesita de consumidores -y en un gran número!-, y que sean prolíficos o al menos constantes.

Funcionales a ella han sido las modas, la publicidad y la guerra.

En este sentido, y ya vamos llegando al punto, cualquiera que siga alguna o más de estas tendencias será cómplice al menos de ingenuidad social.

Ahora, si está comprobado que es el consumo exacerbado el que termina dañanado inevitablemente el planeta, ¿por qué seguir entrampados entre estas tres cabezas de serpiente?

Pues porque esas tres áreas son en las que más se identifica al hombre occidental civilizado, y eso no es más que otro acierto publicitario-propagandístico: En cierto punto, hoy, publicidad es sinónimo de propaganda. Ellos logran que un litro de leche de $1 llegue a costar $1,70. Sólo porque Ud. prefiere el publicitado, pedazo de torpe!, lo que lo va conviertiendo en una moda y a Ud. en un rehén de la guerra consumista.

Pero si de guerras hablamos, debemos entender que cuando no es posible aumentar el consumo civil, cuando la avaricia no es plenamente satisfecha aumentando el consumo de leche a precios más altos, cuando hace falta más riqueza en menos tiempo es cuando se planean las guerras más absurdas.

Hay conflictos fáciles de comprender: Tu vecino necesita lo que vos tenés, pero vos también lo necesitás, y no lo compartís: Ergo, guerra.
Pero hay otro tipo de conflagración donde la única intención es promover la producción de materiales bélicos y su consumo inmediato. Ese es el concepto de "guerra posmoderna".
Si esa estrategia de consumo combina además con algún posicionamiento estratégico y/o posibilita abrir nuevos mercados para el invasor, tanto mejor. Nada se deja librado al azar. Estas tres cosas convergen hoy en Irak.

Como verás, simple lector, ser urbano sencillo que vives en una orbe de necesidades diarias y compromisos semanales pretendidamente pacíficos, la leche que compras en el supermercado puede matar. En otras palabras, entre tú y esa leche, la publicidad que la patrocina, los empresarios que la manufacturan y la guerra que se hace para poder producirla más barato y venderla más cara ganando más dinero sólo hay tiempo. Es sólo cuestión de tiempo.

Cómo? Si. Sin una guerra como la de Irak, el combustible que lleva esa leche de un lado al otro hasta la góndola de donde la levantas para llevarla a casa (quizas en tu auto!) no costaría lo que cuesta, encareciéndola a ella y a todos los productos transportados.

Sin una guerra cada tanto, los distribuidores de esa leche deberían competir con demasiados otros manufacturadores y distribuidores, negociar con más productores con menores ventajas; los inversores (que tienen acciones en armas tanto como en lácteos!) no se enriquecerían sin esa guerra nuestra de cada decenio o lustro y por tanto no podrían invertir tanto en sus negocios de alimentos.

Y además, el Estado benefactor y recaudador de esos negociantes en leche y demás no podría sostener su poder político sin éstos caballeros de la guerra, obligándose desde sus campañas electorales a dar un guiño a esas pretenciones belicistas que concretarán una vez que estén sentados en el sillón presidencial. Y me refiero sobre todo, claro, al que se encuentra puertas adentro de la Casa Blanca.

Bueno, la comprobación de ésto no la hallarás a un costado del cartón de leche; no habrá allí una leyenda que diga: "Esta leche patrocina la Guerra de Irak", sino posiblemente una advertencia de Missing Children con la cara de algún niño requerido. Así es este juego de espejos.

Pero no te dejes engañar: La leche también mata, en tanto bien de consumo. Mata como las galletitas, los caramelos, el envoltorio plástico y la bolsita en que los llevas una vez comprados.
Porque además, mata al planeta. Y qué podríamos esperar de los señores de la guerra, que se preocuparan justamente ellos por no arrojar gases tóxicos o fluidos contaminantes al suelo y aguas? Ja, como veis, todo cierra. Pues los responsables son los mísmos!

Por eso, y como pregona un amigo ecologista desde hace tiempo, ya no basta con Greenpeace amigos.

Éste es un caso para Greenwar!
Y para cuándo?

Qué disfrutes de tu desayuno mañana.