bUsCaR (en este blog ó en internet)

29 julio 2009

uN OjO a lA cOnVivENcIa


Me puse a pensar en por que uno querria vivir con alguien por el resto de sus dias.

Lo primero que me plantee es que esa persona que elegis tiene que producirte, generarte mucha ternura; en otras palabras, ganas de cuidarla todo el tiempo. Es decir que estarias con ella para no sufrir si sufre a la distancia. Para asegurarte de su felicidad.

Entonces me di cuenta que para querer vivir con alguien hay que amar mucho.

Solo asi se puede querer hacer feliz a otro todo el tiempo (y no solo en las buena del otro o en las malas de uno).

Y luego se me aparecio la palaba "convivir", que es vivir juntos pero mas que eso: Es vivir las mismas cosas con... (esa persona): Para eso tenes que estar orgulloso de esa persona, y creer mucho en el camino que ha elegido. Respetar eso y tener muchas ganas de acompañarla. Ademas, tenes que amarla lo suficiente como para compartir tu camino; querer hacer participe al otro de eso, de todo eso, como si fuera una fiesta de dos, que tendra seguramente muchos otros invitados: Amigos, familia... companieros de la vida y otros, a veces, de paso.

Todo eso compartido es "convivir".

Pero me di cuenta tambien que muchos creen que esto de convivir es algo tedioso.
Se llevan para esto de conceptos ajenos o propios, de experiencias que seguramente han sido fallidas, que no han sabido ser bien llevadas porque seguramente no tenian los condimentos que vengo de enumerar arriba.

Y quizas alguien como yo, que ha estado mucho tiempo solo, que no tiene necesidad de escapar de alguien para experimentar esa soledad un rato, pueda creer en la fiesta de la convivencia, que solo es posible desde un amor MUY MUY profundo. Un amor que lime toda asperezas de momentos no tan felices que cada individuo tienen derecho a tener cada tanto. Y respetar tambien eso, claro, desde el mismo amor.

Ese que genera respeto, paciencia, entendimiento...

Y que da ganas de alimentarse con sueños todas las manianas a la hora de preparar el desayuno juntos...

Vamos por más !

15 mayo 2009

uN OjO aL mUnDo y sU cAmBiO dE rUmBo


Hoy me han dicho que el mundo no puede ser cambiado. Y que lo único posible es adaptarse. Eso me ha dado cierta tristeza, que no compartiré porque me toca a mí en lo personal.

Lo que sí compartiré es el camino hacia desentrañar por qué creo yo que sí, que el mundo no sólo puede sino que vive siendo cambiado (aunque quizas hacia nuevos rumbos no muy identifiados con nosotros y nuestras necesidades).

El mundo cambia porque la vida es cambio.

Los virus mutan, las niños nacen cada vez más sabios... Las máquinas de matar se perfeccionan pero los movimientos antibélicos y ecologistas son mucho más fuertes que hace 10 años.

El mundo cambia para que nada cambie? A veces sí.

Me veo obligado a aceptar que los cambios radicales no se verifican sino cada 30 a 50 años. Eso es correcto y es mejor que así sea. De hecho, sería mejor que no hicieran falta esos cambios profundos de raíz... Pero lo son!

Los cambios duelen un poco. Aún al sacar las esposas que esclavizan, las muñecas duelen un poco, hasta que la carne vuelve a recordar cómo era la libertad y se acomoda bien.

En el sentido del cambio, cada uno de nosotros debemos y podemos ser mejores; nosotros somos el mundo, el micromundo de otros y eso es maravilloso. Qué es ser mejor? Cada uno lo sabe, a la hora de acostarse y de levantarse; cuando come o cuando hace el amor, lo sabe. Sólo debemos ser consecuente con eso que sabemos. No esperar una revolución sino provocar ese pequeño canbio diario, ese leve golpe de rumbo que a la larga será un cambio de viento positivo. Ese granito de arena para que un día seamos montaña.
El cambio empieza por uno pero reune millones. Es compartir un destino comun.

La solidaridad es la llave de ese mundo mejor, diferente. El egoísmo sólo trae guerras, miseria, pobreza.

La humildad es el picaporte del cambio. Si sólo creo en mí y en lo que creo, nunca entenderé mi parte en el asunto; siempre seré parte del problema de la disolución y de la separación.

Y el tezón es el puño, este puño con el que enfrentaremos a este pobre mundo miserable para hacerlo digno. Porque la Dignidad no se negocia, y si no está, no podemos ser felices.

Puño, picaporte y llave...
Sólo falta el empujón final para abrirnos el camino al cambio... (continuará)

25 marzo 2009

uN OjO sObRe lA LiBerTaD (hoY, 24 dE mArzO)



Muchas veces me pregunté qué es la libertad.

Un buen amigo dice que ella no existe, que es uno de los grandes mitos de la existencia. También lo dicen otros, filosos ellos, que no por no ser amigos dejan de tener mi consideración.

Hay, a mí juicio, dos clases o niveles de libertad: La que nos es dada y la que nos permitimos.

La primera está impuesta por las circunstancias, y está en nosotros asumir la lucha por cambiarla: Es la del esclavo que quería ser libre pero era sometido por la fuerza de un sistema; es la del casado que sabe que es su deber respetar ese compromiso asumido.

La segunda tiene que ver con los sentimientos y con la conciencia. Hay quienes se permiten todo y otros que nunca se permiten nada. Es decir, están los libertinos de conciencia y los esclavos de conciencia.

En el trabajo como en el amor, hay niveles de discrecionalidad. Estos niveles de “permisividad” son inconstantes tanto como sus dueños, las épocas y hasta el clima, por banalizar un poco la “razón”, que es justamente la madre de la mayoría de los malentendidos a la hora de hablar de “Libertad”.

En efecto, intentar razonar la decisión de alguien en pos de su libertad, cuando esta afecta los sentimientos de otros cercanos a él, confunde más de lo que aclara. Y a pesar de que estoy poniendo razonamiento en esto, no se debe confundir mi palabra con un intento racionalista de abordar el tema.

A lo que voy es que no hay, ciertamente, libertinos o esclavos, sino niveles de auto permisividad. Estos responden a necesidades muy complejas, a mitos, sueños y deseos que muchas veces dominan lo real hasta crear realidades de profunda raíz inconsciente. Si no, recuerden siempre la frase: “Yo sé que no me conviene, pero no puedo dejarlo…”

Sí, hay adicciones. Ellas no siempre se basan en el simple consumo de estupefacientes, claro. Hay repetición de conductas, de hechos, de movimientos y de reacciones que nos llevan siempre al mismo lugar de donde queríamos salir (ver “Todo es una Cadena” en http://poesiascinicas.blogspot.com). Esto nos lleva a hablar, ahora, de las causas que limitan la libertad (si es que ella existe realmente en un plano humano).

La primera limitante de una libertad absoluta sería el hombre mismo, en tanto carnal, mortal y vulnerable. Estamos hablando de un ser limitadísimo físicamente: No puede correr los 100mts por debajo de los 8seg por ejemplo, aun bajo estimulantes, como si puede hacerlo el cheeta. He ahí una limitante evidente. Tampoco puede sobrevivir bajo el agua 15m sin tanques de oxígeno, como sí puede hacerlo el delfín, por dar un caso.

En revancha, el hombre ha desarrollado una herramienta de liberación que trasciende su finitud, incluso la de su vida: La imaginación. Ésta es su mejor costado pero también la causa de sus mayores penas.

La imaginación puesta en acción crea. A esta creación solemos llamarla “Arte”, y produce obras que sobreviven al autor y a todos los que lo conocieron. En el arte, el hombre se expresa; no necesariamente comunica, sino que se deja ir; corre en menos de 8’’ los 100mts llanos… Nada bajo el agua durante horas sin más que un aliento eterno.

Y ese es el mejor arte del hombre, sin duda. Esa, su libertad!!

El problema se suscita cuando queremos ser artistas de las cosas de todos los días. Ahí, ante la impronta del esclavo que mira su reloj para llegar a tiempo, que cuentas los días y las monedas para pagar la factura pendiente, ahí es donde el artista sufre. Ahí donde el amor no puede ser un canto de balcón y cítara sino que es lucha de convivencia de todos los días. Ese es otro arte, hermanos mortales!

Y qué, entonces? Ser artista solitario o esclavo sin imaginación?

Pues a mi modo de ver, hay que saber poner la cuota de arte necesaria a cada paso que se da. Es muy desalentador ver a mis congéneres luchar contra la nada de sus vidas como perros de pastoreo que se contentan con correr las ovejitas y lamer la mano del amo al final de la jornada.

Los veo todo el tiempo y siento su nada; pero no puedo hacer que sus vidas tengan sentido más allá de la concreción de sus mínimas expectativas…

Ahora voy a hablar de la segunda limitante de la libertad: Nuestro karma.

Como Budista que soy, creo en el destino; pero no como cosa inamovible sino como “tendencia”; en otras palabras, como limitante en un plano de repeticiones universales que se traen y se llevan de vida en vida. Porque, claro, los Budistas creemos en la reencarnación.

En ese sentido, todos llegamos a esta vida actual con una cierta impronta dada por los eventos de vidas pasadas: somos como no supimos dejar de ser antes, y arrastramos esa valija hasta ésta y quizás otras vidas.

Ahora, con esto, la libertad adquiere otra arista: no sólo es un derecho más o menos bien ejercido. Es también la herramienta para el cambio.

Si no te permites ser feliz, si le permites a otro u otros que no te permitan ser feliz, ese es tu Karma. No es de ahora, es desde siempre y deberás enfrentar el hecho de que eres adicto a tu karma. Es muy difícil de trascender eso; de hecho, la conciencia de mi imposibilidad me hizo Budista.

Para los no budistas, sólo puedo aconsejar algo que viene de las Artes Marciales: “Acompaña siempre el movimiento”. Los caprichos, las posturas fijas en la hostilidad, no son otra cosa que la manifestación de la tendencia a chocar mil veces la pared. Ella podrá romperse algún día, pero antes te romperás tú.

Esto va también, claro, para los amores imposibles. No te quedes ni un instante en el imposible: Estás tratando de ser artista cuando deberías ser alpinista. No dejes que el imaginario de lo que podría ser te impida ver lo que es. Los hechos son los que mandan. Si alguien se va, acompáñalo hasta la puerta. Si alguien golpea a tu vida, tómate el minuto para abrirle y escuchar qué trae.

Gracias por permitirme la libertad de decirles esto. Hasta la semana que viene.

13 marzo 2009

uN OjO a lOs mIeDoS: lA mUeRtE



Muchas veces me pregunté por qué le temía a la muerte (digo “temía” porque ya no le temo, y eso es gracias a la práctica budista, de lo que alguna vez hablaré).

La respuesta me la dio mi observación de la vida y más precisamente un chico que vendía caramelos en un tren.

Y es que ese chico estaba vivo. Tan vivo como cerca de dejar de estarlo, dado lo caótica y precaria de su situación de vida: Muy pobre, con escasos 13 años y muchos más escasos recursos como para escaparle a esa realidad de pobreza rondante en la miseria.

Del otro lado estaba yo, sentado en mi asiento yendo a mi trabajo… Una vida miserable, sí, pero de otro modo muy distinto: Nada amenazaba a diario mi posición. De hecho era yo mismo quien se dejaba matar cada día.

Y ahí comprendí que el que teme a la muerte es el que está muerto. Nadie que le pelee día a día a la muerte de seguir aquí por nada, sin esperanza o sueños, le teme.

Ese chico estaba vivo porque le peleaba a la muerte cada día, cada mañana en que se levantaba para salir a

Montar esos trenes en busca de la vida, de esa moneda que le permitiera vivir un día más. Y no más que eso.

Sin esa actitud casi exagerada, exacerbada de enfrentarlo todo (esa que a veces nos choca por parecerse mucho a la arrogancia), sin ella no hay guerra, no hay batalla, no hay nada.

Mientras, este pasajero en viaje reflexionaba; la peor actitud ante la muerte porque allí, en la reflexión pura y en la pura inflexión, ella gana. Hay algo de muerte en la palabra dejada, en el pensamiento que pasa estación de largo sin hacerse carne ni nada más que neuronas especulando.
Porque vivir es movimiento, vibración... música y músculo
Así nos quiere la vida, luchadores.
Los que no, bancarse el miedo.