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13 febrero 2008

OjO cOn nUeStRa iDeA dE eqUipO


Si... a veces pienso que no sabemos jugar en equipo.

Digo, socialmente hablando.

Es que parece tan simple entender qué esta mal y qué debería estar bien en una sociedad civilizada si simplemente la comparáramos con un equipo de, digamos, fútbol.

Sabemos que, de los 11 titulares en cancha, no podemos prescindir de ninguno: cada uno de los 11 son necesarios. Cada uno en su posición.

Y es que posición es sinónimo de función. Cada puesto implica una responsabilidad determinada.

"El arquero tapo un remate que tenía destino de gol...", dice el relato.
Pues para eso está el arquero...!

Distinto es que de las circunstancias se desprenda que "...el guardametas marcó un gol de tiro libre". Eso sí es insólito y vale destacarlo.
Pero de qué serviría ese arquero si no supiera atajar; si cada remate al arco fuese gol?

A veces me da la impresión que no sabemos para qué estamos en el lugar que estamos ni por qué somos parte de la sociedad que somos, que integramos.

Y es que, muy a menudo, en Argentina esperamos que los arqueros hagan goles y que los delanteros atajen bien.

Estoy harto de escuchar a gente "bien" quejarse de la mala educación de los pobres.
Y qué esperaban? Si no la han tenido. Esa es, justamente, una de las razones que los hace pobres, mi señora!!

Esa misma señora, ayer nomás (gracias Moris!) me ignoraba olímpicamente al subir al ascensor que yo ya ocupaba. Ni un "Buenas tardes" ni por error!

Pero eso no termina ahí; al salir a la calle, del balcón de esa misma señora que despotricaba contra los "maleducados cartoneros que llenan de basura la vereda", me cayó un hilada de gotas de agua que salían de su aire acondicionado y goteaban negligente y alegremente sobre todo aquél que transitaba esa acera, poblada por cientos de personas por minuto. ¿¡...!?

Y es que hay una ley social que dice: "Nobleza Obliga" y que significa que el que más sabe, más debe respetar. Y el que más tiene, más debe solidarizarse con los que no.

Por eso este equipo no gana una, señores. Es por esto mismo que andamos por la línea de costado sin poder hacer un pase gol desde hace 40 años.

Hemos perdido la idea de equipo.

Si hasta se espera, en las calles, que los peatones cuiden a los autos y no a la inversa. Se hace más hincapié en la irresponsabilidad de los peatones que en la criminal conducción que mata decenas de personas por día de los automovilistas, incluso muchos de ellos pretendidamente "profesionales del volante".

Ridículo? Así somos. Esperamos que el arquero marque los tantos y que el delantero defienda con garra.

Así, este campeonato no se gana. Más bien descendemos.

Y yo quiero jugar en un equipo de primera.

25 enero 2008

uN OjO eNtRe eL cOnsUmO y lA iNseGuRidAD

Parece ser que las costumbres cambian según se puedan o no seguir haciendo las cosas que hacemos habitualmente .

El hombre no parece aferrarse a sus viejas conductas consumistas sino ir buscando variantes que se amolden a su confort, devenir, necesidad...

Antes, cuando los '80 y yo era un adolescente en ciernes, solíamos pasarnos las noches vagando, en el centro o en algún otro barrio de Buenos Aires, sin que ello implicara un gran riesgo para nosotros. A decir verdad, el riesgo a veces éramos nosotros!!

Con el correr de los años se ha hecho cada vez más evidente que esa parece ser una costumbre para temerarios y en vías de extinción. Al menos por estas costas.

Es cierto que de las nuevas reglas sociales nunca se vuelve. Necio sería de mi parte añorar lo que no será.

Pero también es cierto que estas nuevas reglas como "No saldrás a arriegarte después de las 11 de la noche", etc.., llaman a conciencia acerca de a cuántas cosas hemos ido renunciando mansamente por no saber prevenir ni combatir la inseguridad urbana.

Mis hijos no conocerán la libertad de vagar por calles poco iluminadas con esa tranquilidad campechana que se disfrutaba al respirar, aún en una gran orbe como ésta. Ellos crecerán en la restricción perversa de evitar a aquellos que, por uno u otra razón que no viene al caso, están dispuestos a robarse hasta nuestra paz, nuestra libertad; nuestro aire. Y hasta a lastimarnos por ello.

Ninguna sociedad que haya abandonado a los suyos como lo ha hecho la nuestra puede reclamar ahora ese aire ni esa paz. Eso, asegurado.

Pero quienes tan brillantemente han hecho la vista a un lado dejando que miles y miles se quedaran fuera de la fiesta no han considerado cuán mal negocio es que las calles estén pobladas de malhechores pobre y despobladas de consumidores pudientes.

Hoy, las familias consumen en casa. Películas alquiladas, video-cable, comida vía delivery, internet banda ancha...Pero es mucho más lo que se ha dejado de consumir por fuera de la casa.
Una pareja que sale fuera, a comer, a ver una película al cine, consume transporte público (o combustible y estacionamiento en su defecto); consume espectáculos (teatro, un grupo tocando en un pub); consume golosinas, flores, bebidas, comidas quizás... Y además, mira artículos expuestos en negocios al paso, quizá cerrados, pero que tientan su consumo y quizás lo hagan realidad en la semana venidera...

Si el mundo se queda en casa, no sólo se resiente la economía: También las relaciones. Todos necesitamos respirar ese aire renovador que está afuera, esperándonos.

Si no, poco a poco, la propia casa se irá transformando en una suerte de carcel, cuyas rejas, además de protegernos, nos estarán privando de la merecida libertad.

O acaso no está pasando eso ahora mismo?

21 diciembre 2007

OjO cOn lA tiGrEsA mOdERna


Estaba mordiendo un cuello femenino y no he podido dejar de relacionar la satisfación que eso causa a la mujer con la costumbre de las bestias de atacar a sus presas justo allí, donde es mortal la mordida.

Se me cruzó por la cabeza que quizás halla cierta relación perversa entre ese placer y alguna ancestral simbiosis con la muerte; cierta fascinante y sexual excitación ante la mordida final.

No es que quiera aquí poner a la mujer al lado del lobo o la hiena; que se puede, se puede -dicho ésto con total sumisión a sendas fieras-, sino que me ha llamado poderosmente la atención ese paralelismo.

Sabido es que las hembras de casi todos los tipos de mamíferos dan batalla antes de entregarse al macho que las servirá. Lo obligan a dar muestras de idoneidad en, a saber:
Carrera de velocidad, Carrera de resistencia, lucha cuerpo a
cuerpo, ferocidad controlada (tampoco es que se matan, son
demasiado inteligentes para perderse del postre).

Eso les asegura descendencia idónea, claro. No sea que el muchacho esté algo flojón y le dé a la señora tigresa unos tigresitos tristes inútiles para cazar y fáciles de aniquilar por sus enemigos.

Ahora, dónde encaja ese placer tan femenino que, al punto de hipnotizarla, torna debil a la más aguerrida y distante mujer?

Como toda fiera, la mujer necesita ser domada, sometida. A la violencia de otrora, cuando el hombre de las cavernas la golpeaba para llevársela a la cueva, la ha sustituido la seducción; una suerte de match-à-mort de más o menos refinados trucos, según clase y condición, donde se miden las fuerzas de los oponentes y el macho debe prevalecer, ya sea como activo predominante o bien, hoy por hoy, como pasivo que no se acobarda ante los embates de la tigresa de ocasión.

El mundo ha cambiado, estimados machos. Enhorabuena!

Y ese sometimiento deseado pero jamás revelado, yaciente en lo más profundo de nuestra animalidad, aflora, me parece ver, en el cuello de la dama que puede resistirlo todo con la mejor cara de poquer menos, menos unos dientes deseos de carne hincándose suevemente en su cuello.

Esa bárbara costumbre bárbara, animal como ninguna, le recuerda a los genes femeninos que, más allá de satin, champagne, chocolates finos, música y bellas palabras hay dos mamíferos y una sola cópula.

Esa que a la postre, casi siempre, procrea; y nos tiene aquí.

11 diciembre 2007

OjItO cOn lA iNflAciOn



Estaba pensando en cómo se genera la inflación.

Ayer entré a la panadería de mi barrio y la torta pasta frola de $6,50 había subido a $8.-!!!

Hablé con la empelada y me dijo: "Y qué no aumenta...?".

"Mi sueldo...", le dije
"Los nuestros tampoco...", dijo ella.

La panadería que frecuento es un lugar de precios bajos, comparada con otras de alrededor. Quizás por eso, uno siente cierta complicidad con aquellos que la regentean y sus empleados.

Pero no me quedé en la queja, no.

Decidí hacer un breve relevamiento acerca de dónde se encuentra la punta del ovillo.

Todo tiene que comenzar en alguna parte.


Salí y crucé enfrente. Llamé a mi amigo el Gallego, un vendedor de harina, quien me confirmó la especie: "Sí, la harina aumentú un 3 a un 5% ezte mez".

Bien, me dije... Algo similar habrá sucedido con membrillo, huevos y escencias. Pongámosle, un 7% de aumento promedio tomando todos los ingredientes y siendo generosos.

Le pregunté al gallego si había aumentado los sueldos de sus empleados. "No ezte mez...", me confesó. "...Peru el mez pasadu zi, un 10 a un 15%..."

Y bue, hice números...

El aumento de insumos no llegaba al 7%, y el de sueldos (por arrastre del mes anterior) le sumaba otros 15% máximo. Todo lo cual da 22% y exagerando.

Habida cuenta que no han aumentado ni luz ni gas ni gas-oil... Dónde se justifican el 3% que faltan para el aumento de 25% en el precio de mi pasta frola semanal?

Se justifican sólo en el temor a perder con futuros aumentos o en la simple y llana avaricia.

Cualquiera de las dos maneras son puntos de vista negativos, odiosos.

Alguien se está currando entre un 3% a 12%, unos $0,18 a 0,72 por producto, suponiendo que ésto pasa sobre TODOS los productos del rubro de alrededor de $6.

Atrás de ese curro, se asoma la inflación, galopando cuan parca hambrienta...


Y no de Pasta Frola.