bUsCaR (en este blog ó en internet)

13 julio 2008

uN OjO aL cOnFliCtO cAmpO vS gObiErNo


Y así estamos.

Que el gobierno es un recaudador tiránico al estilo medieval; que el "campo" (término que englobaría desde el señor feudal S.XXI hasta las hormigas coloradas) pretende derrocar un gobierno constitucional "y popular".

Vienen y van. Van y vienen. Se repiten acusaciones absurdas (y no tanto, las menos); improperios absurdos (y no tanto, los más jajaja). Nadie parece detenerse ante lo extemporáneo del adversario con un racional " No contestaré a esa provocación".

Por el contrario, cada actor aprovecha el despiste verbal/actual del otro para justificar el propio, algo muy nuestro y criollo como la metida de pata.

Y yo me pregunto: Dónde se olvidaron el modelo de pais, eso que damos en llamar "Política de Estado"? Debe ser un papel muy chiquitito, una esquelita escrita en alguna servilleta de café, dado que nadie parece encontrar eso que TODOS reivindican, más o menos explícitamente.

Porque ambos lados dicen defender (y de hecho lo hacen) un modelo de país: el problema es que ninguno de los dos sabe cómo es ese modelo.

Del lado del gobierno, el conflicto no es más que un boicot al "proyecto popular de redistribución de la riqueza": Pues en ninguna parte se ha publicado CÓMO se la ha de redistribuir, y algunos pícaros de siempre aprovechan esa desinformación para especular que quizás el gobierno quiera darse más gustos que hasta ahora con ese dinerillo extra, o bien seguri financiando el "No Trabajes" de los planes sociales, en lugar de utilizarlo para desarrollar estrategias de reinserción laboral / social / económica / educacional de los más necesitados.

Del lado de campo, lo que pretende el gobierno es sacarle a ellos abusivamente para seguir fincanciando el gasto público del aparato estatal-totalitario que pretende ser omnipresente, omnisciente y omnívoro.

Y del lado de la gente?

Bueno, de lado de la gente está la frustración; la sensación de que esta comida que es la política nacional se cocina en ollas que nadie que no sea K puede revolver siquera. Y que los ingredientes de esa comida los maneja un grupo de patoteros que la venden a precio de oro.

Así y todo, el comun de ciudadano parece considerar más simpática la postura del que lo desabastece; y eso por qué? Porque el poder que se ejerce desde La Rosada no cae simpático a nadie, ya sea por estilo de conducción, por tendencia ideológica, por exceso de liderazgo o bien porque la sensación esa de omipresencia omnívora resulta asfixiante para el vulgo no movilizable por los intereses de ninguno.

Pues entonces quién lo tiene? dice el juego.

Y esa es la respuesta y la pregunta: No se trata de la pelea de dos pelados por un peine, no.Es la pelea de dos peines por hacerse de un pelado.

Pero el pelado, todavía no vino. O al menos nadie lo conoce aun.

Voy hasta la ruta por unas papas. Chau

30 junio 2008

OjO cOn eL mErcAdO dE cOnsUmO


Había una vez una niña apellidada Mercado.

Esta niña, inocente cuan campechana, solía cruzar el bosque que separaba su casa de la de su abuelita munida de una canasta de manzanas.

Pero un día se atravesó en su camino un lobo conocido como Capitalismo Salvaje.

Mercado interrumpió su lento pero seguro andar al ser interceptada por este lobo, quien con modos muy sensuales se dirigió a ella cortezmente. Y es que por entonces Mercado ya estaba en edad de merecer.

Cansada de tanto ir e ir rumbo a lo de la Abuelita Producción siempre siguiendo el mismo rutinario camino, prestó atención a las palabras del lobo.

- ¿Haz pensado en vender esas manzanas?, le propuso él.
- Abuelita me hará un rica tarta con ellas
- Y tú, ¿que haces con esa tarta?, interrogó el Lobo
- Pues... ¡me la como!, respondió Mercado, casi sorprendida por la obviedad de la pregunta.
- Y por qué no la vendes? Podrían darte mucho más dinero por la tarta que por las manzanas..., insistió él.
- Pero... ¿Por qué querría yo dinero en lugar de disfrutar de una rica tarta hecha por Abuelita..?, le respondió la niña, totalmente contrariada.
- Porque con dinero podrías comprar más manzanas y así fabricar más tartas..., la incomodó él.
- Gracias, pero yo sólo necesito una sola tarta para disfrutar, y además sólo tengo una abuelita, y ella no puede hacer más que una tarta por día. No necesito más que eso para ser feliz..., sentenció ella muy segura de sí.
- Bueno, que tengas un buen día, Mercadito..., se despidió el lobo mientras pergeñaba su plan.

El Lobo Capitalismo Salvaje dejó a Mercado y fingió irse, pero no hizo más que tomar un atajo y llegar antes a la casa de Producción.

- Buenos días, señora Producción..., se presentó el lobo. He venido a proponerle algo muy interesante..., agregó desde la ventana de la cocina donde la abuela Producción preparaba la masa de la tarta cuyas manzanas traería Mercado.
- Váyase, fuera..., lo despachó la abuela, que era de pocas pulgas. No necesitamos vendedores aquí...
- No soy un vendedor, señora Producción..., soy amigo de Mercadito..., presumió él buscando hacerle bajar la guardia.
- Bueno, siendo así pase y tómese unos mates conmigo hasta que llegue mi ñieta..., invitó ella.

El lobo aprovechó esa invitación para franquear la puerta de la que sería, a la postre, su víctima.

Para cuando su ñieta llegó, la abuelita Producción había sido deglutida por el Capitalismo Salvaje y en su lugar, en la cama, el lobo Capitalismo Salvaje la esperaba disfrazado de ella.

- Dulce Mercado..., dijo el lobo usurpando la voz de la vieja Producción; te esperaba ansiosa...
- Pero abuelita..., dijo la niña, ...¡qué voz tan grave e intimidatoria tienes!...
- Es para convencerte mejor... , dijo él.

Y así estuvieron un buen tiempo, como ya todos sabemos...
Esta historia continuará... (hasta cuando?)
El final? El de la abuela...

20 junio 2008

uN OjO piAdoSo aL HinCha dE fÚtbOl


Tanto se dice de oprobioso -y muchas veces con razón- acerca del simpatizante de fútbol argentino (puedo decir "sudamericano"?), que hoy me pongo a la tarea de rescatar lo noble que aun le quede.

Y es que siempre, por impacto de los medios o por simple morbo ancestral, nos vamos con la idea de lo malo, peligrosos, deshonesto de quienes pueblan las gradas de esos convocadores de masas que son los clubes de fútbol de esta parte del mundo.

Y con razón muchas veces.

Pero más allá de Barras Bravas y mafias -que existen y ojalá algún día ya no-, hay uno, cien, miles de hinchas humildes capaces de epopeyas poco creíbles con tal de estar cerca, de apoyar a los colores de su corazón futbolero.

Qué decir de aquél hincha de Tigre que, a pesar del riesgo que suponía, fue a dar aliento a su equipo a los pagos de Nueva Chicago. A sus 40 y algo desoyó a aquellos que le decían: "Te van a matar..." Y fue así nomás. Cómo olvidarte hermano! Dejaste la vida ahí.

Qué epíteto merecen hinchas de Racing Club, o de equipos como Rosario Central? Unos porque sufren mucho más de lo que gozan, y sin embargo se desesperan por una entrada cada domingo. Los otros porque cada partido de visitante presupone un largo viaje que siempre se emprenderá, sin importar la magnitud de rival o la instancia que el equipo se juega.

Esta noche de viernes, invierno y 4ºc, llueve, están jugando Argentinos Juniors y Rosario Central. Y ahí están todos: unos y otros que no paran de gritar. Los jugadores, agradecidos!

Hay cosas que ni los peores estigmas pueden corromper.

Valga esta entrada como humilde homenaje a todos ellos.

Hasta el domingo, y que gane San Lorenzo!

17 mayo 2008

OjO a nUesTrOs eStaDOs aLtEradOs


Ayer tomé dos taxis.

Fuimos con mi alumno de español -un hombre inglés llamado Mark que vive ahora en Buenos Aires con su pareja argentina, Lili- hasta el departamento que está remodelando en el Barrio de Palermo.

Es habitual que tengamos la clase mientras él hace algunas compras o diligencias. Nos encontramos, como siempre, frente a la productora de TV y cine POL-K (un lugar donde todos miran a los otros tratando de identificarlo como alguna estrella vernácula) y allí tomamos nuestro primer taxi.

El taxista no espero a que termináramos de subir que ya estaba bromeando acerca de los colores -similares a los del club Boca Juniors- de la pequeña mochila en la que mi alumno llevaba algunas cosas para los obreros que refaccionaban su nuevo departamento. El hombre no paró de hablar, incluso en mal inglés una vez que notó el acento de mi acompañante.

Que cómo ve Buenos Aires, que dónde le gusta más, que cuando llegó y se va... Su simpatia desbordante hizo de un viaje de 20 cuadras una verdadera eternidad. Lo que no es ninguna virtud, digamos, pero tampoco es tan malo. Sólo su impertinente curiosidad latina podía incomodar un poco. Porque uno lo último que quiere en un viaje en taxi es contestar preguntas.

Si hasta hubo que decirle dónde doblar.

Terminada nuestra tarea de delivery, una vez salidos del departamento en ruinas (Dios quiera acaben algún día y sea habitable, habrá pensado mi alumno el inglés al ver esa verdadera émulación de bombardeo iraquí en que han convertido su inversión porteña), decidmos tomar otro taxi, para ir definitivamente al bar donde terminaríamos nuestra charla-clase de español café por medio, como es nuestra costumbre.

Contrastante, este segundo taxista manejaba mejor el silencio que su vehículo de trabajo; parco, adusto... apenas si expresaba cierto fastidio con una sutil exhalación ante algún colega que le trabase el paso o peatón mal cruzado de vereda.

Y yo, que ni amo el silencio ni aplaudo la verborragia, me detuve un minuto a pensar cómo es que nos vamos haciendo lo que somos, los que somos, a medida que una tendencia se va imponiendo sobre la otra.

Del payaso al amargo; del impertinente al insípido... apenas si hubo uno minutos y unas calles de distancia. Y un mismo oficio como denominador común.

Algo podemos descartar de plano: no es el taxi ni la calle la que impone su impronta. Ni aun los pasajeros.

Es que conviven en nosotros una multitud de personajes, estados anímicos, maneras de reaccionar ante la misma cosa... Y es que vamos andando un camino, diverso cada vez que decidimos o nos dejamos arrastrar hacia alguna de éstas variables del ser: La risa, el rezongo, la mueca fastidiosa, la indiferencia -sana o no-...

Qué distancia separará al payaso del osco... Sseguramente muchas muecas, muchos resoplidos y quejas y muchas risas y humoradas.

Uno dejó que ganara el payaso; el otro que venciera el tanguero, por decirlo a tono con el barrio -y la ciudad!- donde todo esto sucedía.

Esa distancia es la misma, exactamente, que la que separa al reflexivo que vió ésto de los cientos que han tomado estos dos taxis un mismo día y ni han notado esa otra distancia recorrida, seguramente preocupados por otras cosas; cosas que este reflexivo ni siquiera habrá sabido preocupar quizás jamás.

Hombre, toma tu camino. El que más te plazca.
Pero lleva a destino tu taxi y tu pasaje

Ciao.