
Y así andábamos por la vida, desorientados de toda idea.
Sumidos en un eterno devenir de ofertas varias, todas atractivas, dónde dejar escurrir el tiempo y las ganas de crear; de ser.
Esa Era de "ocuparse de no ocuparse" llegó. Se llama Siglo XXI.
Extraño folletín de espejismos, de innumerables sortilegios casi todos electrónicos, este siglo llegó para llevarnos a la tierra de los sueños virtuales.
Allí, charlar es escribir; amigo es un nikname de fantasía, propiedad de alguien sin rostro sino foto, avatar... Allí las emociones son emoticones, y la compañía es un teclear sin más. Teclear que va... teclear que viene...
Pero, qué puede faltarnos entonces... si lo tenemos todo!
Pues el abrazo.
Cada vez más, con más fuerza, las personas necesitamos el abrazo.
Eso no viene con Windows, no sale de una llamada móvil ni puede ser emulado por un video juego de última generación.
Eso no viene con Windows, no sale de una llamada móvil ni puede ser emulado por un video juego de última generación.
Nos hemos quedado sin abrazos. Y vamos a terminar por olvidárnoslo.
Y sería muy triste llegar al punto de interpretar, de sentir como normal y necesario ese tecleo a ese abrazo. Sería muy penoso, pero creo que cada vez más próximo.
No digan que no se los avisé.
Yo mismo comienzo a sentir los síntomas... ¡salga, salga... no me toque...!
Yo mismo comienzo a sentir los síntomas... ¡salga, salga... no me toque...!